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La historia de salud de nuestro vecindario: cómo un condado de Florida está sentando las bases del éxito entre los jóvenes

Bonnie Vengrow Por Bonnie Vengrow

La comunidad en la que vive determina la cantidad de años que vivirá y la calidad de vida que tendrá. The U.S. News & World Report recientemente se asoció con Aetna Foundation para clasificar los condados de los Estados Unidos con respecto a diferentes factores, como educación, nutrición, seguridad pública y más. Se clasificaron 3,000 condados, y pudimos identificar las 500 comunidades más saludables. Aquí, presentamos una descripción de la escuela R. C. Bannerman Learning Center, del condado de Clay, Florida. El condado presenta un puntaje de salud total que está 12 puntos por encima del promedio nacional; sin embargo, incluso las comunidades más saludables pueden mejorar. En esta serie, analizaremos los lugares de la lista donde los miembros de la comunidad han detectado un problema de salud, el cual están tratando de resolver con la ayuda de una subvención de Aetna Foundation. Aquí, presentamos una descripción de una escuela del condado de Clay que hace todo para brindar salud mental y física a sus estudiantes.

Clay County_780

Steven H. nunca se consideró un gran estudiante. Este nativo del condado de Clay, Florida, de 16 años, prefiere las tareas manuales a las escolares. Pero las tareas escolares se volvieron más interesantes hace un año, cuando se inscribió en la escuela R. C. Bannerman Learning Center y comenzó a visitar el huerto una vez por semana con su clase de Ciencias.

 

Con la ayuda de voluntarios del huerto, Steven ha aprendido a cultivar muchas de las frutas y vegetales que le gustan, como brócoli, cebollas, rábanos y pimientos. Mientras planta, quita la maleza y cosecha, también está viendo cómo los conceptos de clase cobran vida ante sus ojos. Y eso lo motiva a querer aprender más.

 

Hacer que un adolescente se entusiasme con la escuela es un logro significativo, pero quizás aún más para los docentes de Bannerman. Es la única escuela alternativa en el distrito y en ella se educa a unos 220 estudiantes de 6.° a 12.° grado. La mayoría de los niños tienen problemas de disciplina o de comportamiento o discapacidades graves. Muchos se esfuerzan por mantenerse sentados ante los pupitres o concentrarse durante los 50 minutos de cada clase.

 

Pero en el huerto, prosperan. Además de aprender conocimientos básicos de horticultura, adquieren habilidades que les servirán el resto de sus vidas. 

 

Fomentar el aprendizaje práctico

Two people working on plants

La voluntaria de Master Gardener Amy Morie y la estudiante de noveno grado Bianca Moreno controlan las plantas que crecen en el nuevo sistema hidropónico Verti-Gro.

 

No es ninguna locura pensar que trabajar con plantas al aire libre es una influencia positiva para los niños. Hay estudios en los que se vincula el aprendizaje de la horticultura con el éxito académico, sobre todo en Ciencias y Matemáticas. El personal de Bannerman nota que los estudiantes están más tranquilos y concentrados en la clase después de estar en el huerto, lo que a su vez los ayuda a prepararse para un mejor aprendizaje.

 

Durante los últimos 20 años, la escuela se ha asociado con el Instituto de Ciencias Agrícolas y Alimentarias de la Universidad de Florida (UF/IFAS), Extensión del Condado de Clay y sus voluntarios de Master Gardener para crear un lugar donde el aprendizaje práctico sea posible. Lo dirigen los estudiantes: se les asignan contenedores, y ellos deciden qué quieren cultivar y se encargan de cuidar las plantas. “El huerto es como un laboratorio del mundo real”, dice Amy Morie, voluntaria en el huerto desde hace dos años. “Brinda a nuestros jóvenes oportunidades de aprendizaje basadas en la experiencia y los ayuda a explorar la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas a través de la naturaleza, la agricultura, la horticultura y más”.

 

Ayuda que los docentes de Bannerman también hayan empezado a utilizar el huerto para explicar conceptos presentados en el aula. El profesor de Ciencias John Coleman ha renovado su plan de estudios para que más lecciones estén vinculadas al trabajo de sus alumnos en el huerto. La maestra de cocina Theresa Boring planta cilantro, cebollas, tomates y pimientos, que sus chefs en formación cosechan para preparar salsa fresca. El profesor de carpintería David Rochester dirige a sus alumnos en el diseño, la medición y la construcción de distintas estructuras en el huerto.

 

A partir de esta primavera, las oportunidades de aprendizaje se ampliaron aún más gracias a una subvención de Aetna Foundation que permitió a los estudiantes instalar tres nuevos tipos de sistemas hidropónicos y construir una estructura para brindar sombra y así permitir que las plantas crezcan todo el año. La subvención también financia los esfuerzos de educación agrícola de la extensión en los clubes 4-H del área y un programa extracurricular para estudiantes más jóvenes.

Clase de carpintería

La nueva estructura para dar sombra que se está construyendo en la clase de carpintería permitirá a los estudiantes cultivar productos durante todo el año.

 

Los sistemas hidropónicos, lo último en agricultura urbana, alimentan a las plantas con un flujo constante de agua enriquecida con nutrientes en lugar de tierra. Los beneficios son muchos. Los huertos hidropónicos requieren menos espacio, agua y fertilizantes que los tradicionales; hay menos malezas, plagas y enfermedades; y las plantas crecen hasta un 50 % más rápido, lo que permite que haya cosechas más frecuentes.

 

“Hace mucho que venimos invirtiendo en huertos comunitarios y escolares. Es importante poner los avances en la agricultura urbana al alcance de los residentes”, dice Amy Aparicio Clark, directora ejecutiva de Impacto y Estrategia Comunitaria de Aetna Foundation . “Mientras buscábamos maneras de hacer que los alimentos saludables fueran más accesibles para los residentes del condado de Clay, nos dimos cuenta de que el programa de hidroponía de Bannerman presentaba una oportunidad para hacerlo de manera eficiente y con una participación significativa de los estudiantes”.

 

Brindar a las familias un comienzo saludable

Condado de Clay, Florida

Bannerman se encuentra en la capital del condado, a menos de 40 millas de la bulliciosa Jacksonville y de las históricas playas de St. Augustine. Con sus amplios espacios abiertos, residentes amigables y fácil acceso al cercano río St. Johns, es simple entender por qué el área está experimentando un auge demográfico.

 

Sin embargo, el condado de Clay no está exento de desafíos en cuanto a salud. Si bien siempre ha sido un condado agrícola y rural, muchos residentes carecen de acceso a productos frescos, dice Annie Sheldon, agente de extensión del UF/IFAS del condado de Clay que ayuda a coordinar las campañas de horticultura en Bannerman. Al igual que en otras partes del país, la alimentación saludable presenta aquí un desafío. De acuerdo con los datos recopilados en la clasificación de News Healthiest Communities de los EE. UU. , casi el 75 % de los adultos del condado no consume suficientes frutas y vegetales (un poco mejor que el promedio nacional del 79.2 %); el 10.7 % tiene diabetes (el promedio nacional es del 9.3 %); y casi el 30 % de los residentes tienen obesidad (el promedio nacional es del 31 %).

Plantas en crecimiento

Los estudiantes pueden llevarse a casa cualquier vegetal que cultiven. 

 

Los huertos escolares, como el de Bannerman, se consideran en general una forma de brindar alimentos saludables a quienes más los necesitan, empezando por los estudiantes y sus familias. “Muchos de nuestros estudiantes casi no consumen productos frescos en sus casas debido a que son bastante costosos”, añade Coleman. “Puede que nunca hayan comido ejotes frescos ni fruta fresca cortada del árbol”. Coleman recuerda a un niño de octavo grado que descubrió la acelga en el huerto el año pasado. “Se llevó un poco a casa, la cocinó él mismo, se la comió toda y cuando regresó nos contó que estaba muy rica. ¡Un niño de octavo grado, en la cocina, cocinando su propia comida!”.

 

El huerto brinda a los estudiantes de Bannerman herramientas para incorporarse al mundo laboral. “El huerto y las torres hidropónicas les dan habilidades que les sirven para conseguir trabajo, ya sea un trabajo que requiera educación universitaria o un programa técnico que se base en la horticultura”, dice Sheldon. “Esperamos transmitirles ese conocimiento e inspirarlos para que continúen en ese campo. Queremos conectar a los jóvenes con la agricultura y las nuevas prácticas de agricultura urbana. Tratamos de motivarlos a pensar en el futuro y en cómo vamos a alimentar al mundo”. 

 

Cultivar relaciones duraderas

Huerto de Bannerman

Para muchos de los estudiantes de Bannerman, el huerto es un oasis de calma.

 

El huerto de Bannerman es impresionante: todas las filas de cultivos y flores ordenadas, un invernadero salpicado de plantas, una gran pérgola y un estanque lleno de peces. Es el secreto mejor guardado del condado de Clay y uno de los lugares más queridos de este predio de 45 acres.

 

Para muchos estudiantes, el huerto es también un espacio seguro y libre de prejuicios. Ni las plantas ni los voluntarios de Master Gardener están interesados en por qué los niños terminaron en Bannerman. Aceptan a los estudiantes tal como son. “Esta escuela genera un sentimiento de esperanza en los niños”, dice Addison Davis, superintendente de las escuelas del distrito del condado de Clay. “Hay grandes mentores aquí, especialmente en el programa Master Gardener. Hacen mucho por nuestros estudiantes para ayudarlos a ponerse al día y prepararse para graduarse con sus compañeros”.

 

“El principal programa de mentores que tenemos en la escuela es Master Gardeners, en el que los maestros horticultores vienen a trabajar con los niños”, concuerda Michael Elia, director de Bannerman. “No se trata solo de aprender Ciencias en el huerto, sino de desarrollar relaciones. Esos horticultores son las personas más confiables en las vidas de muchos de estos niños. Según mi modo de verlo, les están enseñando a los niños destrezas para la vida a través de la horticultura”.

 

Una de esas destrezas es la tenacidad. “Muchos de estos niños no ven las cosas de principio a fin”, continúa. “En la horticultura, ven cómo algo completa un ciclo. Esto podría inspirarlos a conseguir lo que necesitan en Bannerman y volver a su escuela como una persona diferente”.

 

Glenn Thigpen, voluntaria de Master Gardener, observa cómo esa transformación ocurre a menudo. Recuerda a la estudiante con autismo que tenía problemas para adaptarse al entorno de un salón de clases, pero que se integró totalmente una vez que estuvo en el huerto. O el estudiante que no se relacionaba con sus compañeros, pero que sobresalía en la plantación y el cuidado de los vegetales, al punto de que incluso pintaba los carteles de identificación de sus plantas. Y la estudiante distante que pidió llevarse una planta a casa y luego no podía esperar para compartir su entusiasmo por lo bien que estaba creciendo. “Ninguna de estas cosas es enorme”, dice Glenn. “Pero realmente sentimos que estamos haciendo la diferencia, de a un estudiante a la vez”.

 

Steven Heflin es uno de ellos. No solo descubrió que tiene un don para cultivar, sino también que disfruta de estar en el huerto. Su estancia en Bannerman ha servido como un respiro del caos de la clase. “Cada vez que voy al huerto, siento como si me quitaran un peso de encima”, dice.

 

 

Sobre el autor

Bonnie Vengrow es una periodista que vive en la ciudad de Nueva York, quien ha escrito para las siguientes revistas: Parents, Prevention, Rodale’s Organic Life, Good Housekeeping y más. Nunca conoció un sendero para hacer excursiones que no le haya gustado y, hoy, trabaja para perfeccionar su postura sobre la cabeza en la clase de yoga.